La emoción del “sí” inicial, el anillo en el dedo, las felicitaciones… y de repente, te das cuenta: tienes que organizar una boda. Durante meses, tu vida se llena de listas de tareas, presupuestos, citas con proveedores y una montaña rusa de emociones. Pero, ¿qué pasa cuando el polvo del confeti se asienta y miras atrás con la perspectiva de un año de casada?
Geraldine Gordillo no es wedding planner, pero es una novia que lo vivió en primera persona. Con el corazón aún lleno del recuerdo de su día especial, se sienta (virtualmente) con nosotros para contarnos todo lo que aprendió, los errores que cometió y los consejos reales que hubiera amado escuchar antes de empezar a planificar.
Si estás inmersa en la organización de tu boda o simplemente sueñas con ese día, prepárate para una dosis de realidad, sinceridad y tips increíblemente valiosos.

Este es, posiblemente, el consejo más importante y del que menos se habla. Antes de caer en el espiral infinito de Pinterest y de visitar locales, tenéis que sentaros juntos y definir vuestra “visión”.
¿Qué queréis sentir ese día? Geraldine lo tiene claro: “La pregunta tiene que ser: ¿qué es lo que queremos que recuerden de la boda? O, mejor aún, ¿qué queremos nosotros recordar?”.
¿Una celebración íntima, hogareña y llena de calidez?
¿Una fiesta grande, sonora y llena de energía?
¿Algo reservado, romántico y elegante?
En el caso de Geraldine y su pareja, empezaron imaginando un hotelito rural pequeño, pero la visión fue evolucionando. Al decidir casarse por la iglesia, el evento tomó otra envergadura. Aseguraos de que los dos estáis en la misma sintonía. Ese “mood” compartido será vuestra brújula durante toda la planificación.
Soy Yan, fotógrafo de bodas en España.
Capturo los recuerdos para el día más hermoso de tu vida.
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Una vez tienes la visión, llega la parte práctica. Y aquí es donde la organización puede volverse abrumadora. La lista de “to-dos” parece no tener fin. La clave, según Geraldine, está en establecer PRIORIDADES.
“En un mundo perfecto, todo coincidiría: tu fecha perfecta, con tu lugar perfecto… pero no es así. Tienes que decidir qué es innegociable para vosotros”.
Para ella, lo “inmovible” era la Iglesia de Santa María de Eunate, en Navarra. Eso condicionó todo lo demás. ¿Tu prioridad es una fecha concreta? Tendrás que ser flexible con el lugar. ¿Es un lugar de ensueño? Tal vez tengáis que mover la fecha.
Consejo de oro: Evita las fechas festivas. Como les pasó a ellos al intentar reservar para el 12 de octubre, “todo es muchísimo más caro”. Al final, su boda fue el 19 de octubre, una fecha que, con perspectiva, considera “perfecta”.
Puedes ajustar el presupuesto en los centros de mesa, en los detalles o en las invitaciones, pero hay una partida en la que Geraldine es clara: no escatimes en fotografía y vídeo.
“Los buenos fotógrafos y videógrafos se pillan con antelación. Porque son buenos, están solicitados”.
Su recomendación es no contratar un pack cerrado sin más. Haz entrevistas, ten videollamadas con diferentes equipos. Es crucial que el día de la boda no sean “personas extrañas”, sino profesionales con los que te sientas en confianza para ser vosotros mismos. Al final, las fotos y el vídeo serán vuestro tesoro más tangible.
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“Siempre hay gastos más pequeñitos que parecen inofensivos, pero que al juntarlos forman una gran bola de presupuesto”. Geraldine es firme: una boda debe estar dentro de tus posibilidades. La felicidad post-boda no debe verse empañada por las preocupaciones económicas.
Ella llevó un Excel meticuloso, comparando presupuestos y ajustándose a sus prioridades. Pero también nos da lecciones magistrales de ahorro creativo:
Las Invitaciones: Le presupuestaron entre 500 y 700€ por 70 invitaciones. ¿Su solución? Diseñarlas ella misma en Canva, usando una ilustración en acuarela de su iglesia, y mandarlas a imprimir. Coste final: unos 150-200€.
El Velo: “Un velo sencillo te puede costar 300€ de nada”. Así que lo confeccionó ella misma. Con el tul y la peineta, no superó los 50€.
“Si no es una prioridad, hay otros recursos que puedes utilizar”. El digital para el “Save the Date” y lo físico para la invitación formal fue su equilibrio perfecto.
Probarse vestidos de novia es uno de los momentos más soñados. Geraldine lo disfrutó como una princesa, pero con una mentalidad muy práctica.
Nunca vayas sola: “No vayas a probarte vestidos de novia sola. Si eres de las que les gusta vivir el momento ‘say yes to the dress’, ve acompañada”.
Nunca te pruebes un vestido por encima de tu presupuesto: “Solo hace falta que te pruebes algo de cinco mil euros, que te enamores… y que luego no te lo puedas permitir. Eso no puede pasar, amiga”.
Tu asesora es tu aliada: Sé clara con tu presupuesto y ella te guiará.
La señal: “Lo que importa es que te sientas tú”. Para Geraldine, la señal fue clara: lloró con su vestido. Encuentra el que te haga sentir bonita, feliz y, sobre todo, auténtica.
Ella compró su vestido en una “sedca novias”, lo que le dio acceso a diseños de varias marcas (el suyo era de Pronovias) y una flexibilidad que no tendría yendo a una boutique de una sola marca.
Para maquillaje y peinado, la regla es la misma: busca buenos profesionales con antelación y, sobre todo, ¡haz prueba!
“En esas pruebas es cuando te das cuenta de cómo trabaja la otra persona, de si el maquillaje realmente te gusta… No tengas miedo de preguntar”. Los profesionales nupciales están acostumbrados a las “bridezillas” y a las inseguridades, son vuestro mejor apoyo.
Un detalle en el que nadie repara (pero que sale en todas las fotos): las uñas. “Las uñas tuyas y las uñas de tu pareja”. Unas manos cuidadas marcan la diferencia. Y para el gran día, prepara un kit de emergencia (o delega en tu dama de honor): tiritas, hilo y aguja, toallitas húmedas, perfume, labial extra y toallitas matificantes para quitar el brillo. Imprescindible.

Geraldine y su marido tomaron decisiones conscientes sobre lo que realmente importaba para ellos en su boda íntima de 50 personas.
SÍ importa la comida: Fue la parte que delegó en su pareja. La cata de menú fue un momento especial para ellos y una forma de involucrarle activamente en la planificación.
NO importaron los regalitos para los invitados: “Es algo que va a acabar en la basura. No lo vimos necesario”. Priorizaron la experiencia del evento sobre los detalles materiales.
NO importó la tarta de boda: Optaron por un postre riquísimo del banquete y una “tarta de simulación” solo para la foto del corte. Funcionó perfectamente.
Todos te lo dicen y es la verdad más absoluta: el día de tu boda pasa en un suspiro. Geraldine lo confirma: “Ese día se pasa volando. De pronto eran las tres de la mañana… y ya estaba en el banquete”.
Su consejo más valioso y emotivo es este: “Haz pausas conscientes”.
“Te recomiendo que hagas pausas. Cuando termines de desayunar, tómate diez segundos para ver a tu alrededor… Cuando te vistas, párate y mira qué hay a tu alrededor, quién te acompaña, cómo te sientes. Haz una foto o video mental de lo que tienes a tu alrededor. De eso te vas a nutrir todo el año siguiente“.
Esa energía de amor, de familia y de celebración es un regalo. Sumérgete en ella. Disfruta de cada mirada, cada abrazo, cada risa. Esa será la verdadera esencia del recuerdo de tu boda.
Un año después, Geraldine mira atrás y lo tiene claro: “Una boda no se trata de que salga perfecto. Una boda se trata de construir algo que os refleje a los dos”.
Su consejo final es un faro para cualquier novia estresada: “No intentes hacerlo todo perfecto. Hazlo a tu manera, a como sintáis bien. Hay mucha gente que os va a dar su opinión, pero lo mejor para vosotros al final lo tenéis dentro. Seguid vuestro instinto, seguid vuestro corazón”.
Al final, la boda es solo el glorioso y maravilloso comienzo. Lo importante es la vida que construís juntos después.
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